Durante décadas, las piedras que caminan del Valle de la Muerte fueron uno de esos misterios que la ciencia miraba de reojo, sin saber muy bien qué decir. En el fondo seco de un lago llamado Racetrack Playa, decenas de rocas errantes —algunas con un peso considerable— dejaban surcos en el barro endurecido, como si hubieran decidido dar un paseo nocturno. Nadie las había visto moverse. Ninguna cámara las había pillado en acción. Y sin embargo, allí estaban las huellas, imposibles de ignorar. (Fuente: Ambientum)