Imagina un río más ancho que el Amazonas y miles de veces más caudaloso, fluyendo en silencio a centenares de metros de profundidad, invisible desde la superficie. No es un río de agua dulce ni tiene orillas de barro: son las corrientes oceánicas profundas, gigantescas cintas de agua fría y salada que recorren todos los océanos del planeta en un viaje que puede durar siglos. (Fuente: Ambientum)