Cada día, sin falta y sin ruido, el océano sube y baja. Lo ha hecho miles de millones de veces desde que la Luna empezó a tirar de los mares con su gravedad. Durante siglos, ese vaivén incansable fue solo una curiosidad del paisaje costero. Hoy, la energía mareomotriz convierte ese movimiento inevitable en electricidad limpia para hogares y ciudades enteras. Porque las mareas no entienden de nubes ni de calmas: llegan con la puntualidad de un reloj cósmico, dos veces al día, todos los días del año. (Fuente: Ambientum)