La expansión de las urbes modernas ha alterado drásticamente el entorno nocturno. Si bien la luz artificial es hoy un pilar indispensable para la seguridad vial y el dinamismo económico, su gestión deficiente ha desencadenado un grave problema ambiental: la contaminación lumínica. Este fenómeno, fruto del uso excesivo de luminarias, no solo borra el rastro del firmamento, sino que impacta negativamente en la biodiversidad y la salud humana, exigiendo una planificación urbana más sostenible. (Fuente: Ambientum)