El autor de este magnífico libro les recomienda la lectura de los siguientes pasajes con el fin de transmitirles la esencia del contenido del interior de sus páginas:

De la Introducción

“Como excepción a los habituales paisajes inmóviles, Doña Ana es una finca viva y mutante que modifica con cierta rapidez su orografía. Sus arenas parten de la costa y avanzan tierra adentro. Forman cerros y luego valles, se inundan y se secan. Por efecto de este tránsito destructor, la vegetación aparece y desaparece. Muere en unos lugares y renace en otros”.

“Doña Ana no ha llegado, pues, a nuestros días tras un prolongado proceso de generación espontánea como algunos inducen a creer. No es obra de la naturaleza en libertad ni, mucho menos, ha sido salvado de ningún desastre por la reciente desprivatización. De haber estado sujeto en exclusiva a las reglas naturales, es muy probable que no hubiera pasado de ser un conjunto de lodos insalubres y de arenales escasos en vegetación y en fauna, como otras muchas zonas palustres de la tierra”.

“El Coto ha sido moldeado partiendo de unas bases de limitada utilidad y de escasa belleza, en un ejemplo histórico de cómo se debe respetar y como se puede mejorar lo que nos ha sido dado. Por fortuna, la propiedad de Doña Ana estuvo en manos de poseedores, de depositarios conscientes de su responsabilidad, más que de dueños absolutos y egoístas”.

Del Capítulo I

“Cuando pensamos en la famosa finca andaluza es inevitable asociar su imagen al corredero de jabalíes de Alfonso XI y, sobre todo, a la que hoy recibimos de los medios de comunicación. Lo cierto es que el Doña Ana de siglos anteriores tenía escaso parecido con el concepto que está hoy en la mente de todos. Era un gran erial de arenas y marismas al que se refirió Chapman como yermo sin fin, sumergido en gran medida en invierno, donde escaseaban la vegetación y la caza mayor”.

Del Capítulo III

“En octubre de ese mismo año de 1879 los arrendatarios celebraron en el Coto una cacería que duró diez días. Los asistentes fueron los socios Guillermo y Patricio Garvey, Juan Francisco Vergara, Tomás Osborne Böhl de Faber  y Joaquín Gaztelu que invitaron a Carlos Fernández Brescaglia, Francisco Lazo, Pedro González, y Gualterio J. Buck. Cobraron un total de 1.154 piezas, entre ellas trece venados, cinco cochinos y una cierva que, por error, mató González.”

“En enero de 1880 organizaron una nueva cacería que duró ocho días. Participaron también los dos hermanos Garvey que abatieron ciento cuarenta y dos animales. Se cobraron en total mil doscientas once piezas, veintiséis de ellas de caza mayor, setecientos treinta y seis conejos y ciento setenta y cuatro perdices. Tampoco se cobró ningún ánsar. Entre las víctimas de la cacería, además de las habituales, encontramos gangas, un águila real, guión de codornices, chorlitos reales y cabezudos, zarapitos, alcaravanes, avefrías, mochuelos, alcaudones, chibebes, cornejas, torillos, halcones, palometas y urracas. No cabe duda que los alegres compadres de Doña Ana aplicaron el refrán de todo lo que vuela a la cazuela.”

Del Capítulo IV

“La leyenda de Doña Ana solo hace una breve mención a D. Guillermo Garvey como la persona que compró el Coto a los Medina Sidonia y que rompió con ello algo más de seis siglos de posesión ducal. Equivoca, por cierto, la fecha de compra y el nombre del vendedor. A veces también incluye algunos alfilerazos inciertos y gratuitos, fruto sin duda del desconocimiento. Lo cierto es que detrás de aquella evidente y escueta afirmación –D. Guillermo compró–, se esconde una compleja realidad cuya importancia radica en los efectos de esta adquisición, punto de partida y piedra angular de la historia del Coto en la época contemporánea.”

 [Guillermo Garvey] “Tuvo la imaginación suficiente  –las crónicas hablan a menudo de su singular inteligencia– para adivinar que detrás de los estériles fangos y arenales de aquellas tierras salvajes y abandonadas, se escondía algo más que un buen coto de caza en situación de expolio. Vislumbró con claridad la joya que había comprado en bruto.

Del Capítulo V

“Cuando su mujer heredó Doña Ana, Tarifa puso toda su ilusión y sus conocimientos técnicos y científicos en el mantenimiento y mejora de la gran finca, cuyo perímetro superaba los noventa kilómetros. Su título universitario le convirtió en el primer técnico que gestionó el Coto. Su objetivo era convertir el predio en una finca modelo, continuando la intensa labor de los Garvey.”

“Era tal la pasión del rey [Alfonso XIII] por Doña Ana, que los duques de Tarifa, faltos de descendencia, pensaron en legar el Coto a la Corona. Cayó la monarquía y la propiedad de la finca marchó por otros derroteros.”

Del Capítulo VI

“Los marqueses del Borghetto recibieron el Coto en el peor momento político. Cuatro años antes se había proclamado la República tras las elecciones municipales del 12 de abril, cuyo resultado llevó al Rey a abandonar España. El ambiente de aquel año de 1935 era netamente revolucionario, de terror y desorden.”

“Doña Ana siempre tuvo una misteriosa protección que deja fuera de juego a todos aquellos que, de buena o mala fe, pretenden violar su recinto o modificar su destino. Es parecida a la maldición de la tumba del faraón egipcio Tutankamón y suele recaer sobre los que intentan utilizar el Coto sin otros miramientos que su propio provecho. La existencia histórica y la vigencia actual de esta maldición no ofrece dudas.”

“Las monterías de Doña Ana fueron las únicas en la España de aquella época que no llegaban nunca a su final. Don Felipe tenía una manera singular de hacerlo. Solía entrar a caballo en la mancha cazada y cuando estimaba que sus invitados habían tirado lo suficiente, sacaba un silbato del bolsillo y daba unos largos pitidos. Inmediatamente sonaba la caracola del único perrero para llamar y recoger a los perros. La cacería terminaba aunque faltara media mancha por batir.”

Del Capítulo VII

“Otro jinete muy frecuente era el que podríamos llamar tipo sioux. En la persecución del jabalí, enarbolaba la lanza con el brazo extendido cuando lo correcto era llevarla en corto, bajo la axila y pegada a la espalda del caballo. Las consecuencias del estilo tribal americano eran siempre las mismas cuando la galopada persecutoria se producía en el pinar. El caballo desmontado nos advertía del suceso. Atrás, sentado en la arena al pie de un tronco y con cara de circunstancias, había quedado el intrépido émulo de los pieles rojas.”

Del Capítulo VIII

“Las gentes del lugar fueron maestros y amigos, incluso padres, que nos infundieron, junto a nuestros progenitores reales, el verdadero respeto y amor a la naturaleza. Naturaleza viene de natural, como natural, sincera y sencilla fue nuestra relación y nuestro aprendizaje. Fue un magisterio constante y progresivo, sin más libros de texto ni más dogmas que los espacios abiertos y bellísimos de Doña Ana.”

“Los últimos guardas privados de Doña Ana fueron gentes afables y sabias, provistas de la distinción que otorga el oficio bien ejercido. Es difícil comprender el Coto sin ellos, sin su ciencia ancestral y sublime, sin su perfecta manera de entender y su concisa y clara forma de explicar.”

Del Capítulo IX

“El sabor del conjunto de la Marismilla no dimanaba solo de la original arquitectura. La pátina de su rica historia hechizaba todos los rincones. El palacio era una morada viva, repleta de recuerdos fundidos con el presente que realzaban la inmutabilidad del Coto. Distintas épocas y momentos se sumaban unos a otros formando un todo indescriptible y homogéneo. La presencia intangible de Alfonso XIII y sus amigos monteros, de los antiguos guardas y de mis antepasados, se mezclaban entrelazadas con el olor a pino quemado de las chimeneas y el efluvio a cera de los viejos muebles, con la palabra y las ilusiones de los presentes. Todo seguía igual y se decía exacto a como lo vieron y oyeron las generaciones anteriores.”

“No cabe la menor duda que, exceptuando a las personas vinculadas históricamente al Coto por la propiedad o el trabajo, Félix Rodríguez de la Fuente fue quien mejor entendió Doñana a mucha distancia de los demás.”

“La playa se extendía a derecha e izquierda hasta perderse en el horizonte donde se fundía en espejismos. Todo estaba inmerso en esa especial luz de Andalucía que hacía destacar con fuerza incluso los colores más tenues. Bandos de ostreros, correlimos, zarapitos y otras aves de litoral pasaban constantemente por delante de nosotros. No había un alma en treinta kilómetros. Solo a veces un punto negro aparecía entre los lejanos espejismos: era un Guardia Civil de servicio que hacía el recorrido de la costa a pie.”

Del Capítulo X

“La gestión pública del Parque Nacional de Doñana no daba resultado y la lucha de poder entre las autoridades con competencias en él, se recrudeció. Los intercambios de acusaciones estaban al orden del día. Cada uno de los participantes en estas disputas quería el control único del Parque y eliminar a los demás. La guerra entre Administraciones recayó sobre Doñana como una plaga de Egipto.”

Del Anexo I

“Hubiera deseado un final continuista y feliz, pero no ha sido así. Hablaremos ahora de un Doñana distinto. De un Doñana que ha pasado en pocos años del esplendor a la decadencia. De un paraíso enfermo y avejentado cuyo inesperado final se vislumbra ya en el horizonte.”

“Con la llegada de tanto forastero especializado en biología y ciencias afines, la finca pagaría un precio infinitamente más cruel, más costoso y más dañino que la denostada caza. La opinión al respecto del famoso guarda Antonio Chico, experimentado conocedor del Coto, no deja lugar a dudas: “Se molestaba menos antes cazando que hoy estudiando. Bastante menos, sí señor”.

“El problema de la sobre-explotación turística ha sido solucionado con una manipulación semántica. Según fuentes oficiales, el turismo del Parque Nacional pertenece a la categoría de “sostenible”. Este término tan a la moda se ha convertido en el salvoconducto, en la palabra mágica para permitir la entrada en Doñana y su entorno a más de cuatro millones de visitantes anuales, cuatrocientos mil de los cuales penetraron en el reducto del antiguo Coto.”